lunes, 12 de enero de 2009

Continente y contenido: premisas para la lectura

Y por último, pero no menos importante, cabe mencionar el lugar esencial que ocupa la maquetación del texto ya editado y corregido.


Ahora bien, vamos por partes, ¿qué es la maquetación?

Todo texto que va a ser leído tiene un soporte que lo contiene, una materialidad tangible (papel, cartón, tela, etc.) o una virtualidad (e-books, páginas, blogs, etc.) que, más allá de ser binario o analógico, más o menos perecedero, cumple el rol fundamental de ser el artífice propicio para el acto de lectura. Sin este continente no se podría acceder al texto, puesto que, como es evidente, los textos no son objetos del mundo natural, sino del de las ideas.

Es por este hecho por el cual la maquetación se constituye como generador de inteligibilidad, entre otras cosas, del texto. A través de este acto (proceso por el que, a través de un programa de diseño y/o armado, se «construye» el «esqueleto» [siguiendo una grilla, habitualmente] que luego será «llenado» con el texto [contenido]), se podrá visualizar de manera más efectiva lo que luego será el libro, el e-book, o el soporte de nuestro texto ya editado y corregido.

Sin embargo, este proceso no es arbitrario. Hay muchas premisas y herramientas que deben tenerse en cuenta a la hora de maquetar. En el caso de tratarse de un libro, por ejemplo, no solo se debe tener en cuenta a que público está destinado (para elegir la tipografía, si llevará imágenes o no, etc.), sino, también, a si es parte de una colección, lo que, por ejemplo, implicará tomar decisiones que afectarán a todos los libros de la serie. Además, un elemento que estará íntimamente relacionado con la maquetación será el formato elegido.

Todas estas cuestiones, que parecen ser fáciles de decidir, no lo son tanto, ya que a la hora de maquetar (lo que comúnmente se llama diseñar, aunque es menos preciso) un folleto institucional, por ejemplo, en el cual está predeterminado el texto (que debe estar «todo incluido»), se debe jugar con el armado para que quede inteligible, no sea pesado (en caso de ser mucho texto) o vacío (en el caso de poco texto) y sea armónico: es imprescindible contar con criterio estético y con lógica. Muchas veces será más atinado sacrificar algo bello, pero poco legible, en pos de algo más austero, pero más claro.

Como se ha observado hasta ahora, el armado (maquetación), al igual que las operaciones de edición y de corrección, implican tomas de decisiones que deberán ser resueltas durante la etapa de preedición, para que el objeto producido se asemeje al objeto deseado.

En esta etapa, podrá ser consultado el autor, pero la responsabilidad tanto del armado en sí, como de asesorar al editor y al autor acerca de lo más conveniente para su producto es del armador-maquetador (o del diseñador gráfico).

Y como venimos diciendo, cada una de estas etapas es un engranaje fundamental e imprescindible para que el bien que estamos elaborando sea el mejor: cuanto más cuidada sea cada etapa, menos posibilidades de error deberán afrontarse en lo sucesivo. Nada debe quedar librado al azar.