martes, 28 de octubre de 2008

Errare humanum est (o algunos apuntes acerca de la corrección)

Ningún texto, partiendo de la premisa de que es una creación humana, es perfecto, ni se encuentra completamente prolijo ni cerrado, hecho por el cual, luego de pasar por la mirada y el escrutinio del editor, debe ser corregido.


Ahora bien, ¿qué significa que sea corregido y qué procesos implica?

La corrección de estilo es aquella que engloba varios procesos y que consiste, entre otras cosas, en seguir las pautas establecidas por la editorial (respetando lo más fielmente posible la normativa vigente, i.e. la propuesta por la Real Academia Española), vale decirlo, es una herramienta fundamental para todos aquellos textos no literarios. Mientras que no negamos el alcance de la corrección para la literatura, ya que reconocemos la autonomía de la creación del autor y que es justamente allí donde radica su riqueza y particularidad; en los demás escritos, académicos o técnicos, cuyo valor es el mensaje y no la forma, es esta última la que no debe descuidarse ni perderse de vista.

La corrección de estilo incluye la corrección gramatical y la ortotipográfica, tareas que pueden ser desempeñadas independientemente si se opta por «limpiar» el texto de los errores más groseros. Sin embargo, no es lo más recomendable si uno apunta a un relato ameno, legible, conciso e inteligible. Un texto bien escrito es mucho más que un escrito sin faltas ortográficas o sin agramaticalidades, es la placidez en la lectura, sin que uno lo perciba, es no percibir «ruidos» ni nada que distraiga o trabe la comprensión.

La corrección gramatical apunta a la sintaxis, a las concordancias (entre sujeto y predicado y entre sujeto y sus modificadores), al buen uso de los gerundios y a todo aquello que sea parte de la oración, que luego devendrá en párrafos que, posteriormente, constituirán todo el texto.

La corrección ortotipográfica incluye dos cuestiones: por un lado, todo lo que tenga que ver con la ortografía (acentuación, puntuación, buena escritura de palabras, etc.) y, por el otro, la aplicación de estilos según corresponda (escritura de citas, notas al pie, aplicación de negritas, itálicas y versalitas).

Finalmente, la corrección de estilo, si bien, como se mencionara al comienzo, es global, rige específicamente al aspecto textual, es decir, a la adecuación (al tenor, al público, al léxico específico, etc.), a la cohesión (ilación del contenido en su totalidad) y a la coherencia (que no presente contradicciones).

Sin embargo, luego de que el texto es corregido (y aprobado tanto por el autor como por el editor), será revisado, al menos una vez más, para quitar errores que no hubieran sido incorporados o registrados previamente; a estas se las puede llamar correcciones de primeras (o de segundas, o de terceras, etc.) o correcciones de galeras, sus nomenclaturas responden al momento del proceso de edición en las que fueron realizadas (estas últimas son las que se realizan cuando se tiran las galeras).

La corrección de un texto redundará en la buena lectura del mensaje que se quiere expresar.