martes, 30 de septiembre de 2008

Edición: más allá de la ficción otorgada por el sentido común

Muchas veces, el desconocimiento nos lleva a que los huecos producidos por aquel intenten ser llenados con conceptos dictados por el sentido común, que, rara vez, más que aclarar, oscurecen...

Esto sucede con los conceptos 'editar' y 'editor'.
Veamos un ejemplo concreto, de otra disciplina, que permitirá visualizar más claramente lo que en el mundo de las letras aún cuesta definir.

Cuando se habla de editar música, a lo que se refiere es al proceso de transformación y limpieza que sufre el archivo original (captado, grabado, previamente en un estudio o en vivo) para poder obtener un master, que luego servirá para grabar un demo, que, tal vez, productores mediante, sea producido, vendido, etcétera.

Este ejemplo va a ser de utilidad para explicar y poder construir un concepto que pocas veces es comprendido y, la mar de las veces, bien definido: 'editar'/'editor'.

Con frecuencia, la gente confunde, y generaliza, una de las funciones que tiene a cargo un editor, la de hacer que el «original» se transforme en libro. No es una asociación libre muy alejada de la realidad, pero es una generalización peligrosa y errónea, que ha llegado muy lejos, al extremo de que se «publiquen» contenidos que no han sufrido revisión alguna. No se debe incurrir en una sinécdoque y generalizar, e igualar, el hecho de que publicar es lo mismo que editar –entendiéndose por publicar al hecho de «difundir por medio de la imprenta o de otro procedimiento cualquiera un escrito, una estampa, etc.»–. Editar no es imprimir. El editor no es el imprentero. Y para sustentar esta postura, vale la pena volver al primer ejemplo, el de editar música: a nadie se le ocurriría pensar que a lo que refiere es a «sacar un disco».

Pareciera que, hasta este punto, nada se ha clarificado aún; entonces, ¿qué es editar?
Veamos qué dice la Real Academia Española al respecto:

«editar.
(Del fr. éditer).
1. tr. Publicar por medio de la imprenta o por otros procedimientos una obra, periódico, folleto, mapa, etc.
2. tr. Pagar y administrar una publicación.
3. tr. Adaptar un texto a las normas de estilo de una publicación.
4. tr. Organizar las grabaciones originales para la emisión de un programa de radio o televisión.
5. tr. Inform. Abrir un documento con la posibilidad de modificarlo mediante el programa informático adecuado».


(Fuente: Real Academia Española © Todos los derechos reservados)


Cuando dimos el ejemplo de la música, vislumbramos la clave: «proceso de transformación y limpieza que sufre el archivo original». Sin embargo, como puede observarse en las definiciones que brinda la Real Academia Española, todas las suposiciones que podríamos haber tenido al respecto se encuentran avaladas por esa institución. Así y todo, sigue quedando difusa la imagen del editor, y, si bien ha quedado descartada la opción única de «imprentero», a estas alturas se lo puede confundir con un corrector de estilo. Pero tampoco esa es su función.

La definición más rigurosa es la que instaura al editor como «cuidador» (hay muchos libros cuyos legales citan «Esta edición estuvo al cuidado de...»), y este concepto brinda un cierre que engloba gran parte de las definiciones que la RAE y nuestro sentido común predican.

El editor no solo corrige, sino que sugiere, propone, reescribe, organiza, acompaña (todo el proceso desde que es un original que llega a sus manos hasta que «sale hecho un libro –o documento cerrado y listo para ser leído–»), verifica, testea. Es el responsable frente al autor, no solo durante el proceso entero, sino desde la manipulación del material (sugerencias de organización; decisiones sobre índices; biblio y biografías; cuadros, tablas; la correcta adecuación entre registro y público; etc.); lo asesora en referencia a formalidades legales (inscripción en la Dirección de derechos de autor; citas; mención de marcas; colocación de mapas que deben ser aprobados, etc.): es el acompañante del autor. Una cordial relación entre autor y editor es fundamental.

Por otro lado, y en referencia al tema del estilo editorial, deberá trabajar codo a codo con el corrector de estilo al establecer normas de estilo comunes a toda la editorial (e individuales para cada proyecto) y deberá supervisar esta tarea antes de pasar a las sucesivas etapas del proceso.

Para cerrar, y a modo de síntesis, podemos decir entonces que el editor es la persona que transforma el «crudo» en un original editado (etapa de editing: lectura, limpieza y depuración), es decir, lo deja preparado para su posterior corrección y puesta en página (armado). Pero es también, el responsable de todo el proceso global.

Su función es que tiempo y dinero sean rentables para obtener un objeto atractivo, prolijo, que sea lo más acorde a lo que el autor desea.